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El Portavoz Autor
Periódico digital de la República Dominicana.

3 de octubre 2025

Por Darwin Feliz Matos

EL PORTAVOZ, SANTO DOMINGO.- En Cancino Adentro y el Tamarindo hay una cañada que no solo divide territorios, sino que también separa las promesas de la realidad. Allí, justo en la ruta de guagua la 39 y con desembocadura en el río Ozama, el puente colapsado sigue esperando ser reconstruido, pese a que el alcalde Dio Astacio prometió en campaña que lo levantaría en los primeros cien días de gestión.

Durante aquellos días de fervor electoral, Astacio arremetía contra sus antecesores, Alfredo Martínez y Manuel Jiménez, acusándolos de insensibles y malos gerentes. Acompañado de comunitarios y dirigentes, aseguró que, de llegar al cabildo, pondría manos a la obra de inmediato. Hoy, lo único que sigue en pie son las palabras olvidadas y la cañada abierta, obligando a los vecinos a pagar 25 pesos por cruzar en una yola improvisada. Estudiantes, trabajadores y amas de casa desafían a diario la corriente con la esperanza de llegar al otro lado sin convertirse en titulares trágicos.

Curiosamente, el video de aquellas promesas —que alguna vez fue viral en las redes sociales del propio alcalde— desapareció de su perfil oficial como si nunca hubiera existido. Lo que Astacio quizá no previó es que los comunitarios de Cancino Adentro y El Tamarindo no necesitan un archivo digital para recordar lo que se les prometió. Su memoria sigue tan viva como la cañada que les corta el paso.

Mientras tanto, recientemente el Ayuntamiento de Santo Domingo Este aprobó más de 24 millones de pesos en publicidad institucional. Una suma millonaria destinada a promover el Presupuesto Participativo, la prevención en la temporada ciclónica y la seguridad vial bajo el lema “Menos Velocidad y Más Vida”. Campañas loables en el papel, pero que para quienes deben montar una yola en plena ciudad parecen más un chiste cruel que una solución real.

“Se habla de participación, prevención y seguridad, pero lo que realmente necesitamos es un puente, calles en condiciones y recogida de basura”, reclaman los vecinos, que ven cómo su problema esencial se ahoga en el mismo río donde desemboca la cañada.

Al final, el puente que nunca se construyó terminó convirtiéndose en una metáfora de la política dominicana: sirve para hacer campaña, pero no para cruzar. Y esa, justamente, es la orilla que Dio Astacio aún no ha tenido el valor de pisar.
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